Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


No creo que haya solo motivos para querer empezar a estudiar medicina, hay motivos para querer continuar y ejercer la Medicina. No sólo me alegro de que me gustara en el momento de decidir, si no que a día de hoy me siga gustando.

Mi relación con la medicina no se inició por ningún tipo de “herencia familiar”, si no con algo tan sencillo como ver una serie de dibujos animados como “La vida es así “y acribillar a preguntas a mis padres acerca de todo lo que veía en esa serie y me interesaba. Viendo mi interés, me regalaron un maletín de médico de juguete. A partir de aquí, se puede decir que continuó mi interés por la medicina.

A lo largo de los años, se fue definiendo ese deseo de querer estudiar medicina. Recogía no sólo los conceptos de Ciencias de la Salud que tanto me había interesado, también poder ayudar e intentar mejorar la salud o padecimientos de los demás desde la profesión que me gustaba. 

Si, eso de “ayudar a los demás” y “salvar vidas” queda muy ético de cara a la galería y en mi mente de 18 años. Pero a día de hoy, tras cinco años y medio de estudio, te das cuenta de que estudiar Medicina y ser médico no es solo dos frases bonitas, propias de concurso de Miss Universo. Es mucho más: Es saber escuchar al paciente y a la familia, y no limitarte a escribir una Historia Clínica en un ordenador, disfrutar de la primera vez que te enseñan a lavarte en quirófano, hacer un tacto rectal o auscultar a tu primer bebé . No es solamente aprenderte la etiología, el diagnóstico y el tratamiento y decírselo al paciente como si del Harrison se tratara, he aprendido a que hay que coger papel y bolígrafo, pintarle una técnica quirúrgica y explicárselo. 

Puede que a veces, no haya tenido las mejores prácticas, que a veces nos limitemos a seguir a los médicos por los pasillos y que en estos años nos hayamos encontrado médicos a los que no nos queremos parecer y otros que serán nuestro referente a seguir. Si hemos sabido aprovechar y disfrutar los buenos momentos, realmente compensa y merece la pena esta carrera tan sacrificada.

No creo que haya solo motivos para querer empezar a estudiar medicina, hay motivos para querer continuar, seguir estudiando y ejercer la Medicina. No vale la pena continuar sin una motivación. No sólo me alegro de que me gustara en el momento de decidir, si no que a día de hoy me siga gustando.

Hoy, ya en 6º y a menos de 5 meses de graduarme puedo decir que no me equivoqué eligiéndola.

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

El apoyo de mis padres fue vital para mí. Ellos sabían que era feliz y me dejaron decidir en todo momento.

Una nueva etapa en mi vida se acaba y comienza otra mejor, siempre mejor. Llegados a este momento, doy gracias por haber decidido estudiar medicina. Yo no soy de las personas que lo tenían claro. Mi vida iba encarrilada hacia otro lado que nada tenía que ver con la medicina.

Con tres años comencé a bailar y seguí con mi formación en danza hasta finalizar el Grado Medio en Danza Española. Compaginaba la danza y los estudios con buenas calificaciones en ambas. Era muy feliz con lo que hacía y no me suponía ningún esfuerzo. Al terminar el Grado Medio pensaba seguir bailando y estudiar algo relacionado con la salud que me permitiera continuar en el baile. Me gustaba la fisioterapia ya que era una carrera de tres años que podría sacármela a mi ritmo, dándole prioridad a lo que realmente me gustaba, la danza.

Por el baile tuve que estudiar el bachillerato nocturno y ahora pienso que me arriesgué mucho, ya que si no hubiera sacado suficiente nota no estaría escribiendo estas líneas. Durante los dos años de bachiller estuve de un lado para otro continuando mi formación en danza. En ese momento me detuve a pensar si esa vida era la que realmente quería llevar en un futuro y si no me arrepentiría de lo que iba a hacer. Muchos recuerdos y pensamientos me invadían y reparé en algo que me dijo un médico rehabilitador tratándome una lesión que tuve a consecuencia del baile: si tienes buena nota y puedes llegar más alto, ¿por qué no lo vas a hacer?

El baile era y es lo que más me gusta en el mundo pero no lo veía un buen futuro pudiendo tener otro mejor. Finalmente decidí estudiar medicina con el pensamiento de especializarme en Rehabilitación y Medicina del Deporte y así poder relacionarme de alguna manera con el baile tratando las lesiones que se producen en los bailarines. Por este motivo entré en medicina.

Con el paso de los años fue imposible compaginar la carrera con mi nivel en danza. No tenía tanto tiempo para dedicarlo a bailar, así que lo dejé por la medicina. Al principio pensé que me había confundido y que estaba “loca” pero con el paso de los años piensas fríamente y sabes que el baile siempre estará ahí, mi formación la tengo y volveré a retomarlo, aunque la melancolía siempre queda.

A día de hoy no tengo tan claro que llegue a estudiar rehabilitación porque hay muchas más especialidades que me gustan. Me siento orgullosa porque sé que hice lo mejor y, aunque no haya sido fácil llegar al final, he descubierto la profesión más gratificante que existe.

Para terminar y como reflexión pienso que el apoyo de mis padres fue vital para mí. Ellos sabían que era feliz y me dejaron decidir en todo momento. De esa forma yo elegí el momento de cambiar mi vida cuando me conciencié que eso no era lo que realmente quería. Siempre actué como sentía, así que hoy estoy orgullosa de lo que hice y lo que hago porque yo lo quise así.

Tú, que estás leyendo este blog y buscas motivos para estudiar Medicina, no te voy a decir que esto es vocacional como dice todo el mundo.

Nunca me planteé si estudiar Medicina o no, simplemente sabía que lo haría porque es lo que me haría feliz. Mi madre me decía que con lo aprensiva y sensible que yo soy, que me afecta mucho todo, que me voy a creer que tengo todas las enfermedades del mundo, que soy muy histérica y me pongo muy nerviosa para los exámenes, para estudiar, que me iba a volver loca de ahí a seis años… Mamá, estabas equivocada. 

Puede ser lo típico, pero yo empecé Medicina por el hecho de AYUDAR y hacerlo en todo lo que pudiera. Tenía claro que si no entraba en Medicina entraría en Enfermería, y no había ninguna otra opción, quería ayudar evitando la enfermedad, sanando y cuidando a las personas. Como tuve capacidad, fuerza y superación para sacar nota para Medicina, aquí me encuentro hoy escribiendo esto. Yo creo mucho en que las cosas pasan por algo, y creo que si me dieron esta capacidad de estudiar, de retener, de aprender, de comprender, de escuchar, de querer hacer a la gente feliz, creo que este es mi sitio, y no lo he dudado en ningún momento de la carrera.

Mi padre es médico y le he visto trabajar mucho y dormir poco, muchas guardias, muchas noches fuera de casa, muchos juicios y muchas horas delante del ordenador haciendo informes, pero aún así él siempre me ha animado, haciéndome ver que todo esto merece la pena; y si un médico dice eso, es por algo. Que la familia acuda a ti, que cuando se encuentren mal la primera persona en la que piensan en llamar sea a ti, puede ser la mejor forma de demostrarte que confían en ti y confían en que alivies su dolor, y eso es realmente bonito y es lo que engrandece esta profesión.

En estos seis años he aprendido que debo de disfrutar del camino, y no solo fijarme en la meta. No creo que en unos meses acabemos, creo que empezamos algo nuevo, cosas muy bonitas y no tan bonitas nos esperan, pero como digo, hay que disfrutar y aprender de todo lo que nos va llegando. No quiero ser una médico que tenga siempre la cara larga, que vea a sus pacientes como simples enfermedades y que esté muy quemada de su trabajo. Siempre he sabido que quiero ser médico y siempre he sabido qué clase de profesional quiero ser.

Tú, que estás leyendo este blog y buscas motivos para estudiar Medicina, no te voy a decir que esto es vocacional como dice todo el mundo (y en cierta manera yo también lo pienso), no te voy a decir que es la carrera más bonita del mundo (que para mi la es), simplemente decirte que si de verdad quieres dedicarte a esto trates bien a las personas siempre, aún cuando lleves 30 años de profesión y la rutina te alcance. No tratamos enfermedades sino enfermos, y cada persona se merece que nos desvivamos por su bienestar y su felicidad.

Después de estos años mi madre es la que más orgullosa está de mí, la que acude a mí, la que más se alegra cuando apruebo un examen y ve que todo el esfuerzo ha merecido la pena… 
Mamá, HE PODIDO, y puedo con mucho más.

Alumna de 6º Medicina de Valme. Universidad de Sevilla.

Bailarina, granjera y veterinaria. Eso es lo que yo quería ser de mayor. Por Irene PG

Eso es lo que yo quería ser de mayor. Nunca me atrajo la medicina. Es más, me repugnaba la sangre desde que fui pequeña. Mis hermanos conseguían martirizarme sólo con mostrarme las venas de Sus antebrazos dilatadas en un día cualquiera de verano. Y yo chillaba de como una tonta chivándome a mi madre. Es más, en primero de bachillerato estuve al borde del síncope el día que toco estudiar el tema de aparato cardiovascular. Llegó segundo y tocaba elegir. ¿Medicina? ¡Ni Hablar! No tenia mala nota pero aparte de mis problemas con la sangre reconozco que siempre he sido de ir contracorriente y me producía una especie de escozor el fanatismo que había en mi por clase por estudiar medicina sólo por el hecho de tener nota para Hacerlo.

La idea de ser bailarina había quedado descartada hacía muchos años. De hecho nunca había hecho ballet y mi trasero me había negado desde niña cualquier posibilidad de mantener el centro de gravedad en un relevé. Lo de Granjera me resultaba aun más gracioso. Yo era una chica de ciudad, pero siempre me habían gustado los animales y su sangre no me impresionaba. Así que todo parecía claro. Veterinaria. No se que jugada del destino hizo que cambiase la preinscripción en el último momento y pusiese fisioterapia en primer lugar antes que veterinaria. De hecho no sabia bien ni que era la fisioterapia. Sólo que duraba 3 años y que podría estudiarla en Salamanca. Suficiente.

Curse fisioterapia. Para mi desagrado ... ¡Ahí también había sangre! Pero para mi sorpresa, el intento constante para mantener hizo que llegase a tolerarlo bastante bien. La carrera me gustó mucho, pero según iba avanzando me daba cuenta de que las asignaturas vinculadas a la medicina arrastraban todo mi interés. Aun recuerdo unas navidades en las que me llevé un Harrison de la biblioteca solo para leer algunas páginas por puro placer. La medicina me estaba Buscando.

Terminé fisioterapia y sólo contemplaba la opción de medicina. Y aquí estoy. Teniendo en cuenta mi particular antesala de la carrera, estudiando mi "Año noveno" de medicina. Cansada a veces, entusiasmada siempre.

La historia nunca es tan fácil como parece cuando queda resumida un a u as líneas. No digo Que no habido haya habido lágrimas por el camino. Digo que las que he derramado con gusto. Dicen que para correr primero hay que caminar. Siento Que aun estoy caminando y tengo unas ganas tremendas de empezar correr.
Pero sí puedo decir tranquilamente que estoy disfrutando mucho del paseo. Seis años son mucha vida y no todo es medicina. He crecido más a lo ancho que a lo largo. He tenido de la compañía y el apoyo constante del que ha venido a llamarse mi novio. He compartido piso con una mujer de 90 años. He hecho muy buenos amigos. ¡Incluso he hecho ballet!

En estos últimos dos cursos en los que a veces flaquean las fuerzas, releo las palabras de una carta de esas escritas a mano, que me Llegó Hace un año: "Gracias por esos largos días estudiando. Gracias por elegir esa profesión"

Sí. En estos seis años he perdido a una amiga por una leucemia. Y cuando por momentos no encuentro el sentido a la medicina si al final, es la muerte la que gana, son sus propias palabras las que me lo devuelven de un soplido.

Bailarina, granjera y veterinaria. La instancia de parte puramente biomédica de la medicina ... ¿Acaso no es lo mismo la "veterinaria del ser humano"? ¿Y no es la medicina también un arte? ¿No es Una danza? Al final, mi "yo pequeña" no estaba tan desencaminada. Bueno, me queda la de parte de granjera. Quizás descubra la relación dentro de unos años. Esto sólo es el principio.

Después de una tarde escribiendo me doy cuenta de que sólo he contado una historia como otra cualquiera de los pasos que me han llevado a estar aquí, en sexto de medicina. Pero ¿cuales son los motivos para estudiar medicina? ¿Es el anhelo por el conocimiento de la fisiopatología? ¿Es el placer de la aplicación inmediata de la ciencia sobre un o? ¿Es ser partícipe de la estrechísima relación entre lo humanístico y lo científico? ¿Es poder llegar a trabajar directamente en algo tan intimo y valioso de como la salud de las personas? Todo esto es importante, pero admito que nada de eso me motivaría a estudiar medicina. ¿Entonces qué es?

Hago una breve pausa para merendar. El chocolate cada vez me gusta más. Negro y con almendras. Intento saborearlo mientras mi gato me muerde una mano con insistencia pidiendo juego. Me hace bastante daño pero se lo perdono ... por todas esas horas de compañía mientras estudio y esos buenos ratos desconectando corriendo los dos locos por toda la casa. El dulzor del chocolate se pasea por mi garganta justo cuando me quito al gato de encima para darle un beso. Entonces lo entiendo. ¿Motivos para estudiar medicina? No tengo. No hay motivos ni razones para aquello que se ama.

Alumna de sexto curso de medicina. Hospital Universitario de Valme. Sevilla

¿Por qué decidí estudiar Medicina?. Por Alejandro Medina Guillén

En primer lugar he de decir que no es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Y no es fácil explicarlo precisamente porque la decisión no fue fácil. Es de suponer que ninguna decisión es fácil en la vida pero una de esta trascendencia y que macará tu devenir para siempre podríamos decir que lo es aún menos.

Pongámonos en contexto: verano de 2008. Había hecho un buen Bachillerato (en Ciencias de la Salud) y una gran Selectividad. Esta última mucho mejor de lo esperado, lo cual propició en cierta medida "a posteriori" mi decisión final. Durante el Bachillerato barajaba varias ideas en mente. Casi como todo el mundo, creo. Por aquel entonces me gustaba la Medicina, la Química, la Biología, la Biotecnología, la Farmacología e incluso la Ingeniería Informática (aunque esta última preferencia era un poco más remota, lo confieso). Una cosa tenía clara: me gustaba la Ciencia, en mayúsculas, y por tanto sabía que la carrera que cursara posteriormente había de ser de ciencias sí o sí. Hubo muchos compañeros en el Bachillerato de Ciencias de la Salud que tras acabarlo decidieron optar por carreras de Económicas o de Ciencias Sociales, lo cual es sin duda alguna muy respetable, pero yo sabía que eso no iba conmigo.

Aparte, yo no soy de los que se encasillan en una idea y de ahí no salen. Si no que tengo siempre abierto un abanico de posibilidades y de preferencias en mi cabeza para cuando llegue el momento de tomar la decisión final (algo parecido me está pasando ya con la especialidad que quiero hacer tras el examen MIR). A lo mejor es por esto que me cuesta más tomar las decisiones. Porque imagino que el que sólo quiere A, si consigue sólo B, rechazará B para seguir luchando por A. Pero si por el contrario te gustan muchas letras del abecedario…

Seguimos avanzando. Había acabado Bachillerato, Selectividad y ya sabía mi nota final. Ahora es realmente cuando llegaba el momento de tomar la decisión. El momento de ponderar y reflexionar. El momento de los pros y los contras. Los pros de la Medicina eran que me encantaba, que tenía un gran prestigio social, el hecho de la satisfacción personal a la hora de curar o salvar la vida de un paciente (esto es único de nuestra profesión) y también, por qué no decirlo, el casi inexistente paro dentro del sector que había por entonces en nuestro país (aunque esto último ha cambiado para mal desafortunadamente) además de contar con un salario bastante decente. Por el contrario, los contras eran la larga duración del proceso formador (6 años de carrera + 4 de MIR como mínimo) y el no dejar nunca de “actualizarse”, es decir, en Medicina nunca puedes dejar de estudiar porque tal técnica que hoy en día es la “crème de la crème” y en la cual eres buenísimo dentro de 10 años ya está obsoleta y no se usa, y existen otras técnicas más modernas que has de aprender a usar. Los médicos somos estudiantes desde que comenzamos la carrera hasta que nos jubilamos y esto era un factor muy a tener en cuenta.

Por otra parte el resto de carreras que me gustaban también ofrecían evidentemente sus pros y sus contras. El pro en la mayoría de ellas era su menor tiempo de formación/aprendizaje (3 ó 5 años), su menor dificultad y su menor dedicación personal. Mientras que los contras solían ser un más que dudoso futuro profesional y una tedia monotonía diaria sin muchos sobresaltos.

Mis padres y mi familia me decían que estudiara lo que quisiera y me gustara, lo cual obviamente estaba muy bien, pero por aquel entonces no ayuda demasiado, honestamente. Por otro lado mis amigos y compañeros del instituto me decían que estudiara Medicina, que tenía “cara y letra de médico”. En fin, lo de la letra me lo puedo imaginar pero sigo sin saber qué es tener “cara de médico” a día de hoy. Pero insistían, me decían que la tenía y que no dejara escapar la oportunidad, que no me arrepentiría. Así que tras varias semanas de reflexión (las que hay entre saber tu nota final y tener que realizar la solicitud a través del Distrito Único Andaluz) y de consultar con mis fueros internos, decidí hacerles caso y sobre todo hacerme caso a mí mismo y decidí estudiar Medicina.

Y seis años después puedo decir con total seguridad que no me arrepiento en absoluto. Más bien todo lo contrario. Me alegro y mucho. Y aunque a veces haya asignaturas que no me gusten, considere absurdas o incluso se me atraganten, tengo la sensación de haber elegido bien, de no haberme equivocado. Tengo la sensación de que me gusta cada día más lo que hago, de tener y haber desarrollado una vocación para ello, pero especialmente tengo la sensación de que la Medicina me deparará a mí, y por extensión también a todos mis compañeros de Facultad, grandes momentos y vivencias personales en el futuro a lo largo del desempeño de nuestras carreras profesionales.

Alumno de 6º de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Sevilla

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida.

Todo se remonta a mi infancia. Recuerdo que por diversos motivos de salud era muy asiduo a las consultas médicas. Quizás por eso me interesaba más por esta profesión que por cualquier otra cosa, ya que cada vez que iba al médico mi salud mejoraba, pero no mejoraba la de todo el mundo. Por lo que me surgió la gran pregunta ¿por qué unos se curan y otros no? ¿Por qué a unos les basta con dos visitas al médico y otros han de estar continuamente y no mejoran? Ese fue el motivo por el que comenzó a gustarme esta profesión, para ayudar a aquellas personas a las que mejorar su salud fuese realmente complicado. Recuerdo momentos en los que iba paseando de la mano de mi madre, con unos 4 añitos y unos 120 cm de altura y la gente con la que se paraba a hablar me preguntaban, “y tú ¿Qué quieres ser de mayor?” “Médico” les respondía, “Médico de esos que consiguen que la gente no se muera nunca”. Evidentemente sus caras reflejaban una sonrisa, a sabiendas de que la muerte era algo inevitable, pero para un niño de cinco años como yo no había nada imposible.

Fui creciendo y conforme pasaban los años me sentía más atraído por las asignaturas relacionas con el cuerpo humano. Me parecía fascinante el hecho de conocer parte de la anatomía y fisiología humana. Me atraían muchísimo más que las matemáticas, la historia o cualquier otra asignatura. Tras una adolescencia con ídolos futbolísticos, estrellas de la música y grandes comentaristas deportivos,  de golpe me planto en los 16 años, con la ESO terminada y con una idea clara en la cabeza. Quiero ser médico.

Tras pasar los años de Bachiller y selectividad me encuentro con una nota que no me permitía estudiar la carrera en mi Región de Murcia natal. Podía estudiar cualquier otra cosa en Murcia, pero no podía hacer la carrera que yo quería, lo cual era algo frustrante, ya que tenía un objetivo bien definido desde pequeño que no podía conseguir.  Fue entonces cuando me planteé la posibilidad de irme a otro lugar. El deseo de estudiar esta carrera era muy fuerte y eso hizo que un chico que nunca había salido de su pueblo se plantara en una ciudad como Sevilla para estudiar medicina, dejando familia y amigos a más de 500 Km de distancia. “No lo hagas”, me decían algunos “quédate en Murcia y estudia cualquier otra cosa” “Es una carrera complicada para estar tan lejos de casa”. Las ganas que tenía podían con todas esas frases y con otras más. Así empezó todo.

Sin embargo, conseguir estudiar lo que quería era solo el principio. La carrera no ha sido un camino fácil y bonito, pero las ganas y la ilusión que tenía contrarrestaban todo eso. Seis años dan para muchas cosas. En seis años vas a esforzarte mucho pero las cosas te pueden ir mejor o peor, puedes ver como no consigues recompensas a muchos de tus esfuerzos, años en los que desearías estar más cerca de tu familia, temporadas en las que tu motivación está por las nubes y otras en las que te cuesta encontrarla, momentos muy buenos y otros en los que te sientes estancado porque no ves el final... Pero todas esas experiencias se resumen en una palabra: CRECER. Crecer como persona y como futuro profesional médico.  Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Saber que no todas tus actuaciones van a tener recompensa, saber que siempre vas a tener que luchar, saber que van a haber momentos difíciles cuando nos enfrentemos a los pacientes, que no siempre vamos a poder solucionar su problema, pero que SIEMPRE vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.

Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otras cosas”. Quizás sea la frase que mejor resuma estos seis años. Entre exámenes, escaso tiempo libre, agobios, asignaturas con mayor o menor utilidad, prácticas en las que aprendes mucho y otras en las que te hacen sentir como un cero a la izquierda, me he dado cuenta que tras estos años he crecido como persona y como médico, que puedo mirar a los ojos y saber si algo le preocupa al paciente, que no todas las personas se curan con un tratamiento farmacológico, que en medicina 2+2 no siempre son 4. En definitiva, que la medicina no es solo conocimiento, sino que más bien es saber adaptar esos conocimientos a la individualidad de cada paciente, con el único objetivo de ayudarle.

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida. Ahora que ya está cerca el final solo me queda buenos recuerdos y momentos que nunca olvidaré. La experiencia ha merecido la pena. Estoy a unos meses de conseguir mi objetivo, de cerrar una etapa que a su vez es el inicio de otra diferente. Después de 20 años tengo todavía en mi cabeza a ese niño de preescolar que decía “quiero ser médico de los que ayudan a la gente”. Ese niño  (algo crecido) está a un solo paso de lograrlo.

Emilio Sánchez Fernández. Alumno de sexto de Valme 2013-2014

Me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina. Recuerdo que desde que tengo uso de razón,  me despertó el interés por la medicina y eso que no tenía nadie en mi círculo que tuviera que ver con el mundo de la sanidad. Supongo que seria el gusto por ayudar a los demás, lo que consiguió que naciera el deseo en mí. Después de casi 6 años y estar en la recta final de mis estudios, puedo decir que me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas. Han sido 6 años muy duros, con un sacrificio inigualable seguramente al resto de carreras que pudiera haber cursado, pero que seguro tendrán su recompensa. Después de 3 años en los que solo te empapas de conocimientos generales de la profesión y se hace más tedioso, cuando empiezas  4º y contactas con el día a día de un hospital y sus pacientes, te das cuenta si vales o no para esto.

En mi opinión, el buen medico es aquel que independientemente de solucionar el problema de las personas con sus conocimientos, debe tratar al paciente como un semejante a el, comprenderlo, escucharlo y tener empatía con él y sus circunstancias. Cansa ver a profesionales de la sanidad, tener un trato descortés y altivo con los pacientes y usuarios de la sanidad. Por suerte, estos casos son puntuales, pero es algo que tengo claro que habría que erradicar. A las puertas de terminar, se nos abre por delante el camino mas bonito de esta profesión, previa realización del examen mas importante de mi vida (MIR), en el que disfrutaremos con el día a día en el hospital y la experiencia que se va ganando paciente a paciente, acompañado de malos momentos que seguro habrá. Ser medico es serlo 24 horas al día 365 días al año y quiero y me siento preparado para serlo. Me gustaría recalcar que detrás de un número de habitación o “el del infarto “, hay una persona que pone todas sus esperanzas en que podamos ayudarle a superar su enfermedad.
Alumno 6º Medicina Hospital de Valme (2008-2014)

La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano.

Para ser honestos, no recuerdo una razón en concreto que me empujara a estudiar medicina.  En cambio, algo que sí recuerdo es que me atrajo desde siempre. Antes de empezar la carrera, mi amor por la medicina era un amor platónico, idealizado. Sólo podía imaginar qué sería la medicina, sin ser del todo consciente de lo que en realidad es. Entonces comenzó mi aventura, y la descubrí como algo fascinante y extenuante al mismo tiempo, capaz de hacerme sentir eufórica, frustrada, viva, derrotada, pero sobre todo, afortunada. Cuántas veces, a lo largo de estos años de entrega, he pensado en cómo de perfecta puede llegar a ser la maquinaria del ser humano, y con qué facilidad puede venirse abajo, con qué facilidad la enfermedad puede convertirnos en seres frágiles. Sólo estudiando medicina podría haber adquirido esta nueva perspectiva.

La medicina, tiene en realidad mil caras.  La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias. La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano. En mi caso, si alguna vez tuve dudas acerca de si medicina sería la carrera adecuada para mí, todas ellas se han desvanecido, porque no creo que haya otra carrera que me infunda la misma pasión;  ni la sensación de saber que sé, pero aún no lo suficiente, nunca lo suficiente, que es el leitmotiv de esta obra en que se ha convertido nuestra vida gracias a la irrupción de la medicina en ella. En una de mis películas favoritas, la protagonista recibe el siguiente elogio: “Eres un sueño hecho realidad, llena de vida, de ardor, de encanto”. Pues bien, esto mismo es justamente lo que la medicina significa para mí. 

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

“¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico.

¿Y ya has visto muertos? – te preguntan todos cuando saben que has empezado a estudiar Medicina. Te marca. Es algo que señala un antes y un después en tu vida. Se queda la fecha grabada para la posteridad. Porque vas engañado, porque vas creyendo que la Medicina te va a durar (si todo marcha bien) seis años, y la Medicina una vez que entras ya no te deja salir.

Yo me recuerdo de pequeño viendo series de dibujos sobre el cuerpo humano, y a mi padre comprándome los fascículos de la colección, que aún están aquí guardados. Me recuerdo con un microscopio como regalo de Reyes mirando las células de la cebolla o una gota de mi propia sangre. Y creo que siempre lo tuve más o menos claro desde que me empezaron a preguntar “¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico. Y yo, que conocía la medicina por haber sido paciente desde los 7 años, me empeñé en ponerme al otro lado del fonendo. 
Sí, llevan razón, cuando entras piensas que te has equivocado. Sí, llevan razón, cuando entras piensas que eso no es Medicina. Estadística, Ética, Física, Biología, Historia… Pero los motivos para estudiar Medicina no están en la Licenciatura, ni el Grado. Los motivos para estudiar Medicina no los tienes entre tus apuntes, ni en los libros, ni las horas de estudio para cualquier examen escrito sobre un cartón en el Aula Magna. El principal motivo para estudiar Medicina es la sonrisa del paciente al abandonar la consulta.

Es sacrificado, sí. Pero merece la pena. Sea quien sea el que esté leyendo esto, quiero decirte que merece la pena. No voy a decirte como se estudia la Medicina, ni como son las prácticas en tal o tal sitio, ni como de horrible son los temarios de cada asignatura, porque eso no es lo que cuenta. ¿Tanto importa la nota que acompañe a tu nombre después de cada examen? ¿Para qué? ¿Te hará eso mejor médico? No es mejor médico quien más sabe (aunque no podemos olvidar que es necesario saber Medicina), sino quien mejor comprende al enfermo.

“Nadie va al médico por gusto”, he oído decir alguna vez. Si alguien acude a ti como médico es porque necesita tu ayuda y cree que eres el apropiado para solucionarle, o al menos aliviarle, sus problemas. De nada sirve mucho conocimiento teórico aquí si no sabemos comprender al paciente y ponemos todo de nuestra parte para ayudarle. Eso sí es la Medicina.

No te cuestiones si estudiar o no Medicina por lo que leas u oigas sobre los años que pasas en la facultad. Si realmente quieres dedicar tu vida a ayudar a los demás, este es tu sitio. Porque se consigue. Que sí, que te entiendo, que muchos dicen que es muy difícil… pero incluso quien dice eso acaba siendo médico.

A ti, que has llegado aquí porque dudas si estudiar Medicina o no: Es muy sencillo. Cierra los ojos y piensa “¿Quiero sacrificar mi vida por ayudar a los demás?” Si has respondido que sí, no te lo pienses más.

A ti, que estás estudiando Medicina y has llegado aquí en un momento de frustración. ¡Ánimo! Porque lo acabarás consiguiendo, porque aunque sea duro sabes que es el camino para el futuro que quieres, porque cuando termines de estudiar en la Facultad te darás cuenta que esto no ha hecho más que empezar, lo mejor aún está por llegar.

A ti, médico (o casi, si eres de sexto). No olvides nunca que es el paciente el que ha venido a pedirte ayuda. Que te necesita, y que espera mucho de ti. Trátalo como se merece y haz que la Medicina no sea sólo Química y Biología, porque vas a tratar enfermos, no enfermedades.

¿Por qué estudiar Medicina? Porque cuando tengas la sensación de que has sido útil para ayudar a alguien que lo necesitaba no la vas a olvidar jamás.

“El más grande de los exámenes no es escrito, es el que se hace a la cabecera del enfermo”
ASG Estudiante de Medicina de la Universidad de Sevilla. Curso 2013-2014.

Sí has decidido estudiar medicina, lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta.

No soy la persona más adecuada para convencerte de que estudies Medicina. No soy la más indicada para decirte que, desde un principio, luches por lo que quieres, porque yo, cuando estaba en tu situación, no lo sabía. Nunca tuve motivos para entrar en Medicina, simplemente fui una de las afortunadas con cabeza y muchas horas de estudio a la espalda cuya nota daba para entrar, y eso, sumado a la indecisión del momento, me hizo solicitar esta carrera.

Lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta. Y aunque te llevará los tres primeros cursos, y unos cuantos suspensos, no te rindas, comenzarás a ver la luz.

Yo llegué aquí, a Sevilla, hace exactamente 5 años y medio. Dejé a unos cuantos cientos de kilómetros toda esa vida que me había costado 18 años formar (con mucho esmero) y me vine completamente sola. No conocía a nadie, ni tenía ningún apoyo, pero eso nunca fue un problema. Este será el mayor consejo que te daré: nunca serás nadie si no estás bien rodeado, si no tienes cerca a personas que te apoyen incondicionalmente y que sufran en tu lucha como el que más. Y por mi parte, de buenas gentes voy sobrada. Gracias a ellos estoy a unos meses de ser MÉDICO y, aunque no lo sepan, ni se lo recuerde muy a menudo, gran parte de este camino se lo debo a ellos.

Y es que la Medicina te va a aportar todo aquello que necesites en tu vida: la autoestima suficiente para saber que, si has podido con esto, puedes con cualquier cosa. La fuerza para seguir adelante después de todos los pasos que ya has dado. El valor para enfrentarte a lo que te venga, la sabiduría para conseguir lo que te propongas, la paz de saber que ayudas a todo aquel que puedes. Las emociones de acompañar a personas en su estado más vulnerable, de saber que te agradecen todo y más, de conseguir sacarlos para delante. El orgullo de saber que hay gente que, sin conocerte, te agradecerá el resto de su vida lo que hiciste por su padre, su hija, su marido… Te dará alegrías, te dará disgustos, y habrá días en los que será mejor no haberse levantado… Pero también habrá días grandes, días en los que hagas feliz a muchas personas, simplemente con un tratamiento, unas palabras adecuadas en el momento justo, un gesto de compresión o una muestra de que, siempre que puedas, estarás a su lado. Y creo que, por todo eso, merece la pena más que de sobra que empieces esta aventura. Querrás llorar, querrás abandonar y echarte atrás, y te acordarás de mí y del maldito día en que mis palabras te motivaron para elegir tu futuro. Pero entonces, en alguna práctica, subirás al hospital y algún paciente te sonreirá, y te dará las gracias simplemente por haber ido a su habitación a ver qué tal va, y te dirá “seguro que vas a ser un gran médico”. Y todas esas horas de estudio, todas esas lágrimas derramadas, todos esos nervios sufridos, habrán pasado a ser historia. Y te sonreirás, y te acordarás de cuando te dije “no desesperes, créeme, estas tomando la decisión correcta”.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.